Karl Egloff y Nicolás Miranda

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Estos deportistas ecuatorianos siguen haciendo historia en el montañismo y el trail mundial. No les bastó alcanzar el primer y el cuarto lugar en una de las competencias más desafiantes del planeta, la Red Fox Elbrus Marathon en Rusia. Semanas después viajaron a Perú para lograr el récord de velocidad en la montaña más alta de este territorio, el Huascarán de 6655 metros. Son un equipo de oro.

Karl Egloff y  Nicolás Miranda

Un nueva marca mundial en el Huascarán
Karl Egloff tiene los récords mundiales de ascenso y descenso en velocidad del Kilimanjaro en el 2014 (6h42m), el Aconcagua en el 2015 (11h52min) y ahora del Huascarán (11h00), hazaña conquista el 30 de junio pasado, con la compañía, paso a paso, del montañista Nicolás Miranda.

Aunque no existen datos oficiales, los deportistas saben por algunas fuentes que el mismo recorrido con el que consiguieron la marca mundial en el Huascarán norte, lo hicieron unos peruanos, aparentemente, en un tiempo de 22 horas.

Esta fue la primera vez en la que estuvieron cara a cara con el coloso. Hicieron un primer ascenso para conocer bien el terreno. Cuatro días después fueron por el récord.

Karl describe al Huascarán como una montaña muy fría, alpina, esquiva para la velocidad. Con muchos segmentos complicados de cruce de grietas, escalada vertical en un tramo…La lectura del camino es fundamental por su rostro bastante partido, con muchos tramos en los que es complicado poner un ritmo por el terreno lleno de piedras de granito, hielo con pequeñas penitentes y rampas muy pronunciadas.

La aclimatación
El primer acercamiento al Huascarán (cuyo ascenso se sube, normalmente, en 5 o 6 días) lo hicieron por la misma ruta del récord, con la diferencia de que durmieron un par de horas en el refugio. Intentaron desde el inicio la cumbre máxima, la del sur de  6768 metros, pero a 6400 no había paso. Entonces fueron por la norte de 6655. “Fue una jornada dura de casi 12 horas sobre los 4700 metros de altura. Hicimos  toda la aclimatación con botas de alta montaña, lo que en mi caso hizo que tuviera ambos talones llenos de ampollas”, cuenta Karl.

El recorrido final
Salieron de Musho a los 3050 metros de altura. Desde ahí tomaron un sendero sin señalética que los llevó luego de 8 kms y 1600 metros positivos al refugio Don Bosco a 4650. Ahí, comenzó un segmento duro de piedras de granito, un sube y baja de cerca de 2 kms hasta llegar al inicio del glaciar.

En este punto, a 4950 metros, los esperaba un grupo de montañista ecuatorianos. Cambiaron los zapatos de trail por botas ligeras de alta montaña. Instalaron crampones, arneses, algunos mosquetones, cordinos, piolets, licras extra, cascos, gafas, guantes y llevaron una pequeña mochila con una capa extra de vestimenta.

Partieron encordados. El primer segmento de glaciar fue fácil pero eterno. Mantener un ritmo sostenido fue complicado por el terreno irregular.
Al llegar al campo 1, a 5400 metros, empezó la famosa ‘garganta’. Un solo paso entre miles de grietas y seracs de una magnitud de miedo. “Ir en equipo con Nicolás es una garantía de seguridad y dinámica. Solo no me habría metido a la ‘garganta’”, dice Karl.

Escalaron un tramo  de unos 3 metros en vertical. Nicolás fue primero por su destreza técnica. Continuaron por una larga travesía hacia el norte. Finalmente, llegaron al campo 2, a 5900 metros, donde cruzaron un ‘zic zac’ enorme para llegar al famoso “collado”, a 6000 metros.

Aquí, los sorprendió un viento de 80 kms por hora que les dificultó el paso. Les tomó por sorpresa en un momento de extremo cansancio. Fue el mejor momento para conocer su potencial como team.
Lo más duro fue el final, la rampa de 6000 hasta la cumbre norte de 6655, con 4000 metros positivos acumulados. Llegaron golpeados por el frío y el viento. Saben que lo único que los hizo llegar fue el trabajo en equipo.
“Nico, aparte de ser el mejor montañista que conozco, es un gran amigo. Se ha venido preparando para este tipo de ascensos en velocidad desde hace algunos meses y estoy convencido que sin él no lo habría podido conseguir. Él es muy técnico. No hace nada sin pensar y para este tipo de deportes tener un compañero así es fundamental. Además es dinámico y veloz”.
La bajada hasta volver a tener algo de calor fue irregular. Desde el Collado, ambos pusieron ritmo hasta llegar a Musho y hacer historia.

Haciendo historia en el temible frío del Elbrus
Pocas semanas antes de ir hasta el Huascarán para batir una marca mundial, Karl Egloff y Nicolás Miranda se enfrentaron por primera vez a la Red Fox Elbrus Marathon en Rusia, competencia que congrega a la élite del trail mundial.
El Elbrus, un coloso de 5642 metros, es temido por sus bajas temperaturas, casi mortales. Es la montaña más alta de Europa y el escenario de esta competencia con 8 años de existencia.
Karl y Nicolás se enfrentaron a cerca de 500 participantes de más de 13 nacionalidades. Muchos, corredores rusos, monstruos de esta disciplina que, además, entrenaron durante meses en el mismísimo Elbrus. Entre ellos estuvo Vitaly Shkel, actual ‘recordman’ del Elbrus. (El año pasado estableció una marca de 3 horas y 29 minutos en la Sky Marathon, que en esta ocasión no pudo ser superada por Karl por la caída de nieve, tres días antes de la competencia). 
Pero no, este año la montaña decidió abrazar primero a un ecuatoriano en la línea de meta, su cumbre. Karl logró la hazaña después de recorrer 12.5 kms, con 3300 metros de desnivel positivo, en un tiempo de 3 horas 44 minutos y 43 segundos. Escaló, hundiendo sus pies en la espesa nieve, que, en momentos, llegó a cubrirle hasta las rodillas. Enfrentó la temida temperatura, que llegó al brutal promedio de -25 grados Celsius.  
Detrás llegaron el ruso Vitaly Shkel (3:51:22), el suizo Pascal Egli (3:56:51) y su compañero de fórmula Nicolás Miranda (4:03:48), sellando una brillante participación ecuatoriana.
Karl nos cuenta algunos detalles de la preparación y la competencia.
¿Cómo fue el entrenamiento?
Ciclos de velocidad en cuestas agrestes de sendero, muy pronunciadas. Largos entrenamientos en altura. Velocidad en glaciar en el Cayambe. En total casi 4 meses de preparación con un promedio de 20 horas semanales.
¿Visitaron antes al coloso?
Ni bien llegamos con Nicolás a Rusia subimos a la cima para conocer la ruta y buscar la conexión con la montaña, pedirle permiso y ver cómo era el terreno y sentir su temible frío. La ruta como tal es sencilla. La montaña es muy bonita y tiene dos cimas con casi la misma altura. Tan solo 21 metros separan a la una de la otra.
   ¿Los momentos claves de la carrera?
Fue una carrera súper estratégica. 80 corredores élites en un solo disparo. Salieron muchísimo más rápido de lo que pensé por el temible desnivel acumulado y la altura que nos esperaba. En menos de 100 metros ya formamos un grupo de 5 personas en la punta. No nos regalamos nada en ningún momento. Fue crucial pasar la barrera de los 5000 metros de altura. Pude despegar y abrir una buena ventana.
Los últimos 300 metros de desnivel fueron muy complicados  por la nieve acumulada y las cuerdas fijas pero sobre todo por la gran cantidad de montañistas estancados que subían. Abrí mi propia huella, hundiéndome a ratos hasta las pantorrillas, hasta llegar a la hermosa cima de Europa.
¿En qué consistió tu estrategia de carrera?
Rendir en todo momento, a un ritmo constante pero muy competitivo. Tenía la esperanza de que a poco mis rivales iban a ceder. No fue fácil. La altura me ayudó y pude hacer la diferencia. Hubo muchos cambios de estrategia por muchas razones. Lo importante es que corrí con mucha cabeza para nunca descompensarme o cometer errores graves.
¿Cuál fue el tramo más difícil y el más hermoso?
El más hermoso llegar a la cima, siempre tiene un tinte spiritual. Ver el arco a lo lejos y a la gente aplaudiendo. ¡Qué momento tan bonito! Lo más difícil fue enfrentar los primeros 1000 metros de desnivel. Subí a un ritmo que no era el mío. Me adapté y sufrí hasta despegarme.
¿Una anécdota de esta competencia?
Al finalizar el evento hicieron una hermosa premiación. Me colgaron la medalla y me pidieron un par de fotos. Después de unos 5 minutos se acerca una corredora y me dice algo en ruso. No entendía.
Luego vinieron dos, tres, cuatro personas más y todos empezaron a hablarme en ruso tocando mi medalla. Yo solo sonreía porque no entendía nada, hasta que viene un ruso que hablaba inglés y me dijo que la medalla que me habían dado era para la primera mujer. Como la inscripción estaba en ruso nunca me hubiera dado cuenta (Ríe).

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