Let it be

“El nacimiento es el comienzo del camino hacia tu muerte”

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El planeta está en permanente cambio y es inevitable que los desastres naturales afecten la vida de los humanos y las demás especies. Durante lo que va del siglo XXI se ha registrado una inusual cantidad de fenómenos que han resultado catastróficos para los humanos.

Los desastres naturales son nuestros compañeros desde que llegamos a este planeta. Cabe pensar, que no son algo negativo, al contrario, nos develan enseñanzas de sobrevivencia y una regla de oro: “El nacimiento es el comienzo del camino hacia tu muerte”.

El miedo y la ira

El ser humano en sí es una criatura muy frágil, comparada con otras especies. Suele vivir bajo dos respuestas opuestas, huir o luchar, que se corresponden a dos emociones  básicas: el miedo y la ira. Estas respuestas instintivas podrían explicar el estado de parálisis en algunas sociedades que se estancan y se detienen, permaneciendo aferradas a los paradigmas antiguos y a sistemas de creencias caducadas.
El miedo nos permite responder de una manera muy rápida a cualquier amenaza o peligro, permite prever qué puede ocurrir en situaciones futuras de acuerdo a experiencias del pasado y anticipar las respuesta ante una posible amenaza. Estos miedos son innatos, instintivos, parte de aquel paquete de respuestas que forman parte del bagaje de la especie; o adquiridos, de acuerdo a las experiencias y los aprendizajes.
El miedo es un compañero inseparable de las personas y es imprescindible para la conservación de la especie humana.
Cuando el miedo se convierte en una respuesta exagerada y sobredimensionada puede convertirse en una patología o en una creencia limitante, que frena el crecimiento personal.

¿A qué le temes?

El miedo ‘paragua’ bajo el cual se encuentran las otras categorías es el miedo a la muerte. Bajo este están el miedo al abandono y a la soledad, a la pobreza, a la crítica, al cambio, a enfermarse, al amor o al compromiso. Miedo al silencio, al ensuciarse, a los pájaros y a las mariposas, a la pérdida de status, de jerarquía y a la pérdida de la propia identidad. A la anorexia, la bulimia y a una relación sexual normal o virtual.
Las personas miedosas por naturaleza tienden a evitar las situaciones en las que no se sienten a la altura de las circunstancias. Pero de esta manera, el espacio vital y el campo de acción se hacen cada vez menores.  La persona que evita las apariciones en público, manejar un auto o conocer nueva gente, se condena a sí misma a la marginación profesional y social.

Una buena alternativa es aprender a vivir con el estado de excitación del miedo. Esto significa enfrentarse a las propias emociones de miedo, hacer un repaso mental de las situaciones y finalmente exponerse de forma consciente y sistemática a los estímulos que provocan la sensación, tolerarlos y observarlos con frialdad. A medida que esto se consigue, una y otra vez, el miedo va cediendo.

El control emocional frente al miedo
Actúa: Si el miedo comienza a inhibir las actividades, no hay que dejarlo vencer con la parálisis, sino al revés, hay que entrar en acción.
Concreta la decisión: El miedo cuanto más confuso y vago es, más aflige. Hay que encararlo. Preguntarse ¿a qué le tienes miedo? ¿Por qué? Detallar daños y peligros. Muchas veces, aceptándolo y reconociéndolo el miedo se achica y desaparece.
Razona: ¿Qué probabilidad hay de que lo mismo suceda otra vez? Y si acontece ¿Será tan desastroso como temo? ¡Cuidado con la imaginación! casi siempre agranda la realidad.
Encara: ¿Y si pasa otra vez? ¿Puedes evitarlo? ¡No! Hay otros que sí han logrado sobrevivir y ser felices de nuevo. ¿Y si tengo que morir? te ha llegado la hora.
Relaja la angustia muscular: Se llama así a un estado latente de inseguridad o angustia debido a una fuerte y prolongada tensión en los músculos intercostales. Estos impiden la conveniente dilatación del pecho, la que tenemos cuando estamos animados o seguros.
Abre los ojos: Enfoca bien el problema, en vez de tratar de cerrar los ojos ante el desastre. Habla con voz firme y ensancha las aletas nasales. Respira hondo.
Entrénate: No para sentir miedo, sino para hacer uso adecuado de este maravilloso sistema de alarma, que en circunstancias de peligro nos puede ayudar como una luz roja. Transforma el miedo en un colaborador activo y vital.

El miedo a la muerte
La muerte es un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso homeostático en un ser vivo; y con ello el fin de la vida. La definición de la muerte como un proceso evolutivo, ha supuesto un cambio revolucionario en la delimitación del final de la vida terrenal. El final de la vida física pero no de la existencia.
El miedo a la muerte se debe a dos hechos que ocurren dentro del inconsciente. En primer lugar, la muerte nunca es posible con respecto a uno mismo. Es decir, la causa de la muerte es externa, se le atribuye a un carácter maligno. La muerte es mala y se encuentra en el ambiente. Para el inconsciente es inconcebible morir por alguna causa natural o vejez.
En segundo lugar, la persona no es capaz de distinguir entre un deseo y su realización. Esto justifica la muerte sobre la base de la culpa, donde el deseo y la realidad generan un conflicto.  Así, la persona se considera responsable de la muerte del otro con el deseo de matarlo y el hecho de la muerte genera culpabilidad.
Asimismo, el proceso del dolor siempre lleva consigo algo de ira. En este sentido, se depositan en la persona muerta dos sentimientos diferenciados: el amor que se tienen y el odio generado por la sensación de abandono que se genera por su partida.
No me queda más que sugerirles, insistentemente, escuchar una maravillosa filosofía de Facundo Cabral: “No estás deprimido, estas confundido”. Búscala en YouTube. 

Por: Antonia Schmidt-Kakabadse
Phd, Dr.Sc. en medicina holística

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