Una nueva ruta en la caldera de El Altar

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“Por el Camino de La Vaca, por toda la placa”

Daniel Carrión, Christian Moreno y Jorge Prado abrieron una nueva ruta de escalada en la caldera de El Altar llamada “Por el Camino de La Vaca, por toda la placa”. Tras dos viajes previos, lograron coronar al tercer intento. Conoce cada paso de esta escalada.

Una nueva ruta en  la caldera de El Altar

Esta fue la tercera vez que regresamos a la caldera de El Altar. Queríamos escalar más y caminar menos. En la primera travesía fuimos a inspeccionar todo lo que rodea a la cara norte del “Obispo”. Fueron dos días de solo soñar y soñar.

La segunda vez pensamos quedarnos nueve días y en el transcurso de este tiempo esperamos y desesperamos por cinco días y medio. El resto del medio día se despejó, inspeccionamos.

Al sexto escalamos un poquito. Fui de primero para el largo inicial de aseguramiento que ya te advertía cómo iba a ser el resto de la pared.
Este poquito nos dejó más intranquilos. Elegimos una ruta con una línea muy vertical de poca y no muy buena protección, pero que te dejaba subir. Solo había que escalar y no pensar en los seguros. Jorge Prado y Christian Moreno, mis compañeros de escalada, se convencieron de que la línea escogida era la adecuada.

El clima nos jugó mal, cambió. Nos preparamos para el séptimo día, pero cuando no es, no es. Hay que saber leer a la montaña. Esa noche, esa madrugada y esa mañana llovió sin parar y decidimos dar por terminado el intento.

La tercera fue la vencida


DÍA UNO: Cabalgamos como niños hasta El Valle de Collanes. Cargamos las mochilas y caminamos. Después de una hora llegamos al campamento ubicado a 20 minutos de la base  de la roca. El clima no era ideal. Con paciencia esperamos a que el segundo día mejorara.

DÍA DOS: El clima nos dio tregua para secar las fundas de dormir y de paso arreglar la carpa. De nuevo, la meteorología no ayudaba, pero como no queríamos estar metidos en la carpa, decidimos caminar a la base de la roca y encontramos un lugar protegido del viento y de la lluvia.
Construimos un terraplén pensando en que la próxima vez vendríamos sin carpas. Continuamos la tarde de escalada con viento, frío y un poco de nieve. Inicié nervioso el primer largo. Para el segundo fue Jorge  Prado (Lonely) quien escaló unos 25 metros asegurándose solo de piedras.
La escalada no fue difícil pero sí delicada. La exposición es parte de este pico. Logramos por fin abrir el segundo largo. La luz se acababa y regresamos al campamento.

Una nueva ruta en  la caldera de El Altar

DÍA TRES: Salimos a las 8 de la mañana cargados con todo el material.  Cristian Moreno (el raper) estuvo a cargo del primer largo. El segundo le tocó a Jorge  y el tercero a mí. De ahí en adelante todo era terreno desconocido. El tercer largo fue de unos 25 o 30 metros, tuvo mucha distancia entre seguro y seguro y muchos cachos de roca fueron ideales para asegurar.

Lo mejor fue ir tranquilo. Me demoré un poco porque preferí poner un bolt (anclaje definitivo) para la estación.

En el cuarto largo de 25 o 30 metros fue ‘el raper’ el encargado en liderar. Allí se encuentra una fisura y la mayoría del tiempo se aseguró en cachos de roca que, por suerte, siempre aparecieron en los lugares ideales para poner una estación y dar seguro a los compañeros.

El quinto largo fue turno de ‘lonely’, quien escaló unos 50 metros de un 6a o quizá algo un poco más duro. Como en todos los largos, la protección fue la que mandó.

Para el sexto largo ya nos sentíamos cerca de la cumbre solo faltan dos más. A las 6 y 20 de la tarde, emocionados por el increíble día de escalada, llegamos a la cumbre de la aguja que bautizamos con el nombre de “Monagillo”. A la ruta la nombramos “Por el camino de la vaca, por plena placa”.

Después de 9 rapeles llegamos a las 2 de la madrugada al punto de inicio.
En este viaje nos acompañó Pedro Montezuma que fue el hombre del trabajo sucio. El hombre del Buril, quien fue armando unas estaciones cinco estrellas, ya que por ahí mismo nos bajamos. También nos acompañó Danilo Villavicencio que fue el chef del campamento.
Al final de esta travesía, el premio fue un regreso a caballo ¡Qué más podríamos pedir!

Una nueva ruta en  la caldera de El Altar
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