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El primer día la travesía estuvo marcada por caminos estrechos, arena suelta, lodo, charcos riachuelos, bosques de pino, sin duda un paraje en donde cada uno demostraba su mejor esfuerzo y porque no disfrutarlo.
A lo largo se admira una multitud de cascos que arrancan despacio para calentar sus músculos y no agotar energías. Después de los primeros kilómetros recorridos se encontraron con los primeros charcos y cruces de riachuelos pero el mojarse no era lo único que pasarían después de una hora de recorrido al llegar a Limpiopungo les esperaba una cuesta en arena, piedra suelta con cuesta, polvo en cuesta pero el tono de cada encuentro era la vista espectacular que les daba aliento pues al costado de la laguna encontraban el primer punto de control y donde algunos equipos se abastecían con algo de comida para seguir los 40Km restantes.
Lorena Páez nos cuenta “A esta altura tienes una bajada que nos ayudaba a descansar un poco, pero ya es el punto donde sientes que las piernas te quieren traicionar y en algunos casos la altura hace su efecto, pues llegamos cerca de los 4.000m.
Los bohemios y desafiantes caballeros de la montaña fueron cobijados por una llovizna que les obligó a utilizar sus impermeables y soportar el frío pero no podía faltar que antes de llegar a la meta tenían que pasar por un rio donde terminaron de bautizarse para concluir la primera etapa. “Solo quieres bajarte del sillín y descansar” nos cuenta Marcelo Miranda.
El segundo día después de tomar energía y el cielo despejado, todos confirmando sus bicicletas en buen estado y tener todo el equipo necesario dado las 10h00 de la mañana se dio la partida en el orden de llegada del primer día.
“Un paso obligatorio para poder dar la vuelta al Cotopaxi es la cuesta del Morro, un pantanal y páramo donde la velocidad máxima es de 10km/h hasta el punto donde simplemente no hay como pedalear y comienza la empujadora a la bicicleta y el apoyo entre compañeros y es tan común escuchar los lamentos de todos los compañeros pero no puedes dejar de disfrutar del paisaje, la llovizna del páramo, las montañas aledañas, las lagunas y quebradas”, manifiesta Arturo Carvajal.
Cansados pero con sus objetivos claros en una abrir y cerrar de ojos bajan como locos en las bicis casi 1.000m, y la sorpresa inesperada, a diferencia de años anteriores, los organizadores les habían preparada una maravillosa sorpresa, una nueva cuesta a través de carreteras secundarias y caminos de haciendas para llegar al sector de Ticatilin, es decir, pasar de 3.200 a 3500 en unos 12km.
Toda la travesía se podía observar ya en la llegada, rostros cansados, pero con la satisfacción de un reto cumplido cruzaban la meta los diferentes equipos con la satisfacción de un nuevo reto cumplido en el exigente trayecto.
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