Recordar contraseña

X

It's time to love what you do

Cada uno de nosotros sabemos lo que amamos. Recuerda que nadie consigue de suerte, amar lo que hace. Haz lo que amas, y ama lo que haces. Y si no lo sabes, es importante averiguarlo. Te invitamos a leer este artículo que te ayudará a cimentar grandes cosas y crear grandes proezas.
"Para ser un miembro inmaculado de un rebaño de ovejas, uno debe, sobre todas las cosas, primero ser una oveja”
El epígrafe anterior corresponde a Albert Einstein, parafraseándolo, con esto quiso decir que si deseas ser un empresario exitoso, un empresario capaz de gerenciar tu vida, debes empezar tu propio negocio inmediatamente. El solo desear serlo, mientras le tienes miedo a las consecuencias, no va a ayudar. Lo mismo aplica para todo: para ganar un partido, uno debe primero y ante todo,  jugar el partido.
Tienes que entrar y jugar tu verdadera vida.No la de tus sueños, que en la mayoría de las culturas te ha llevado a una existencia de sufrimiento, parecido a un infierno, donde se tiene miedo, donde hay guerras y violencia, donde se juzga y no hay justicia, un lugar de castigo infinito.
Unos seres humanos actúan contra otros seres humanos en una jungla de predadores; seres humanos llenos de juicios, llenos de reproches, llenos de culpa, llenos de veneno emocional: envidia, enojo, odio, tristeza, sufrimiento. Y creamos todos estos pequeños demonios en nuestra mente porque hemos aprendido a dejar entrar el infierno en nuestra propia vida.
Quizá nunca hayas pensado en este asunto, pero en mayor o en menor medida todos nosotros somos nuestros propios maestros, porque tenemos el poder de crear y de dirigir nuestra propia vida.
Creamos un mundo entero en nuestra mente e incluimos múltiples máscaras y personalidades para nosotros mismos. Después adquirimos dominio sobre la imagen que vamos a utilizar en determinadas circunstancias. Nos convertimos en artistas del fingimiento y de la proyección de nuestra imagen y de cualquier cosa que creemos ser.
Cuando conocemos personas, las clasificamos de inmediato según lo que nosotros creemos que son.
Sin embargo, tienes el poder de crear.Tu poder es tan fuerte, que cualquier cosa en la que decidas creer se convierte en realidad. Te creas a ti mismo, sea lo que sea que creas que eres. Toda tu realidad, todo lo que tú crees, es fruto de tu creación. Tienes el mismo poder que cualquier otro ser humano en el mundo. La principal diferencia entre otra persona y tú, consiste en la manera en que aplicas tu poder y en lo que creas con el.
Has practicado toda tu vida para ser quien eres y lo haces tan bien que te has convertido en un maestro de lo que crees que eres. Eres un maestro de tu propia personalidad y de tus propias creencias; dominas cada acción y cada reacción. Practicas durante años y años hasta que alcanzas tu maestría… Pero veamos ahora qué tipo de maestrías tenemos.
Cuando un niño tiene un problema con alguien, y se enoja, el enojo hace que el problema desaparezca y de este modo obtiene el resultado que quería. Entonces, vuelve a ocurrir y vuelve a reaccionar con enojo, ya que ahora sabe que, si se enoja, el problema desaparecerá. Bien, después practica y practica hasta llegar a convertirse en un maestro del enojo.
De esta misma manera, es cómo nos convertimos en maestros de los celos, de la tristeza o del auto rechazo. Toda nuestra desdicha y nuestro sufrimiento tienen su origen en la práctica. El modo en que pensamos, el modo en que sentimos y el modo en que actuamos se convierte en algo tan rutinario que dejamos de prestar atención a lo que hacemos, y nos comportamos, según nosotros, totalmente normal.
Nos quejamos de ausencia de amor en nuestra vida, especialmente de amor incondicional, pero para convertirnos en maestros del amor tenemos que practicar el amor. No se trata de aprender un conocimiento en concreto, una receta de “cómo”. Es una cuestión de acción.
Si el “principito” visitara ahora nuestro planeta descubriría que la mente humana padece una enfermedad que se llama miedo. Igual como una piel infectada, que no debes tocar porque produce dolor, nuestro cuerpo emocional está lleno de heridas, de heridas infectadas por el veneno emocional. La enfermedad del miedo se manifiesta a través del enojo, del odio, de la ira, de la tristeza, la envidia y la hipocresía, y el resultado de esta enfermedad son todas las emociones que provocan el sufrimiento del ser humano.
Todos los seres humanos padecen la misma enfermedad mental. Sin embargo, como es considerado una enfermedad “social”, se la describe como normal.
Los seres humanos vivimos con el miedo continuo a ser heridos y esto da origen a grandes conflictos donde quiera que vayamos. Incluso decir “te amo”  puede resultar aterrador.
Debido al miedo que los seres humanos tenemos a ser heridos, y a fin de proteger nuestras heridas emocionales, creamos algo muy sofisticado en nuestra mente: un gran sistema de negación. En ese sistema nos convertimos en unos perfectos mentirosos. Mentimos tan bien, que nos mentimos a nosotros mismos e incluso nos creemos nuestras propias mentiras. El sistema de negación es como un muro de neblina frente a nuestros ojos, que nos ciega y nos impide ver la verdad.
Pero lo que somos en realidad es puro amor: ¡somos vida! Y lo que somos en realidad no tiene nada que ver con el sueño, pero la neblina nos impide verlo. Cuando contemplas tu sueño-imagen de ti, desde esta perspectiva, y cobras conciencia de lo que eres, comprendes cuán absurdo resulta el comportamiento de los seres humanos, y entonces se convierte en algo divertido. Lo que para todos los demás parece un gran drama, para ti es una comedia. Ves de qué modo los seres humanos sufren por algo que carece de importancia, algo que ni siquiera es real.
Pero muchos piensan que no tenemos otra opción. Nacemos en esta sociedad, crecemos en esta sociedad y aprendemos a ser como todos los demás, actuando y compitiendo continuamente de un modo absurdo.
Imagina que llegamos con el “principito” a un planeta en el que toda la gente tiene una mente emocional distinta. La manera en que se relacionarían los unos con los otros seria siempre feliz, amorosa, pacífica. Un día nos despertamos ahí y ya no tenemos heridas en el cuerpo emocional. Ya no tenemos miedo de ser como somos. Ya no nos importa qué diga la gente de nosotros, porque no lo vamos a tomar a personal y por eso deja de producir dolor. Así que ya no necesitamos protegernos más. Podemos amar, compartir y abrir el corazón sin miedo.
Pero ¿cómo nos relacionaríamos con la gente que sigue padeciendo heridas emocionales y que está enferma de miedo?
Cuando un ser humano nace, su mente y cuerpo emocional están completamente sanos. Después de unos años empiezan a aparecer las primeras heridas emocionales y se infectan con veneno emocional. Cuando algo va mal, reaccionan y se defienden, pero después, sencillamente se olvidan y vuelven a centrar su atención en el momento presente para seguir jugando, explorando y divirtiéndose. Viven el momento. No se avergüenzan del pasado y no se preocupan por el futuro. Los niños pequeños expresan lo que sienten y no tienen miedo a amar.
Cuando nos comportamos como niños nos resulta maravilloso, porque ese es el estado normal de la mente humana, la tendencia natural. El problema reside en el programa, en la información que hemos almacenado en nuestra mente. Una vez captada la atención de los niños, les enseñamos un lenguaje, les enseñamos a leer, a comportarse y a soñar de un modo determinado. Domesticamos a los seres humanos de la misma manera que a un perro o a cualquier otro animal: con castigos y premios. Esto es perfectamente normal. Lo que llamamos educación no es otra cosa que la domesticación del ser humano.
Al principio tenemos miedo de que nos castiguen, pero más tarde también tenemos miedo de no recibir la recompensa. El miedo a no conseguir la recompensa se convierte en el miedo a ser rechazado. Y el miedo a no ser bastante buenos para otra persona es lo que hace que intentemos cambiar, lo que nos hace crear una imagen.
Y esto funciona de la misma manera cuando se trata de una simple relación entre hombre y mujer o entre adolescentes, que tratan de aparentar que son ser superiores a otros. Si se tienen que enfrentar con alguien más inteligente, más preparado, alguien que les supera y les deja en ridículo delante de todo el mundo, a continuación intentarán explicar, excusar y justificar su imagen. Pero tan pronto que están solos frente a un espejo se hacen añicos, se odian a sí mismos, se sienten estúpidos y creen que son lo peor.
Existe una gran discrepancia entre la imagen interior y la imagen que intentan proyectar hacia el mundo exterior.
Ponemos mucho empeño en ser alguien en el sueño de esa sociedad, en ganar reconocimiento y en recibir la aprobación de los demás. Hacemos un gran esfuerzo para ser importantes, para triunfar, ser poderosos, ricos, famosos, para expresar nuestro sueño personal e imponer nuestro sueño a las personas que nos rodean. ¿Por qué? Porque creemos que el sueño es real y nos tomamos muy en serio.
Dice también Albert Einstein: “debes aprender las reglas del juego. Y después debes jugar mejor que todo el mundo”. Has el mejor trabajo posible que puedas, como si tu vida dependiera de ello, y después que no tengas contra quién competir, solo te tendrás a ti mismo contra quién competir.
Este es el momento de comenzar a amar lo que estás haciendo, para el resto de tu vida.

BANNERS



PERFILES

Karl Heinz Egloff

"Cuando no se gana, más se aprende""Cuando no se gana, más se aprende"

Patricio Vergara

Quise saber hasta donde podía llegar mi cuerpo Quise saber hasta donde podía llegar mi cuerpo

ingresa







PORTADA ACTUAL

GENTE ACTIVA


VIDACTIVA @ 2010

DESARROLLO WEB:

MUSHOQ