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La práctica de yoga es un camino para proteger los puntos débiles, ya que nos permite conocernos a partir del cuerpo y enseñarnos cómo el dolor puede ser nuestro mejor maestro.
Nuestros hábitos posturales se van formando a través de la vida y son reformables. Prueba de ello es que dentro del vientre materno la columna vertebral tiene una forma redonda que le permite al bebé acomodarse al útero, mientras se prepara para nacer. A los dos meses de edad aprende a darse la vuelta boca abajo y levanta la cabeza formando la curvatura cervical del cuello. A partir de los seis meses de vida, el bebé se sienta y gatea formando la curvatura lumbar que le permitirá después ponerse de pie y, finalmente, caminar.
En la vida adulta, la columna continúa su formación, adquiriendo hábitos posturales que se adoptan por el tipo de trabajo que realizamos, las actividades deportivas, las influencias culturales y, entre otros factores, al estrés con impresiones emocionales que se trasladan y expresan en nuestro cuerpo.
Sin embargo, a pesar de que nuestra columna pareciera estar absolutamente habituada al cambio, nosotros, debiéramos tener una mayor conciencia sobre los hábitos posturales y la tensión muscular que puede llegar a afectar a sus zonas vulnerables, produciendo molestias como la inflamación del nervio ciático, hernias o escoliosis funcional, entre otras complicaciones.
La compresión de los nervios que atraviesan la columna no es un problemita simple, ya que éste puede llegar a producir amortiguamiento y dolores que pueden repentinamente paralizar a una persona.
Recuerde que el trabajo corporal del yoga se enfoca en que usted tenga conciencia de su postura, y logre alinear sus huesos gracias al estiramiento y fortalecimiento muscular que le permita la descompresión de las articulaciones intervertebrales.
¿Interesada en probar? Utilice esta rutina de yoga y acabe con el molesto dolor de espalda:
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