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La natación y el Yoga hacen una combinación perfecta por ser ambas actividades relajantes, excelentes para los pulmones, suaves en las articulaciones y terapéuticas para la recuperación de lesiones. También son el complemento ideal para cualquier entrenamiento deportivo. Triatletas y nadadores se benefician del Yoga porque los tres principales estilos (mariposa, pecho y libre) sobrecargan los músculos pectorales y los dejan contraídos. Esto debilita la fascia de los músculos antagonistas - especialmente los romboides - y de ahí la conocida postura encorvada de los nadadores.
Adicionalmente esto causa la lesión en los músculos rotadores del hombro, también conocido como “hombro de nadador”. Esta lesión se debe a que los músculos romboides están debilitados y no logran sostener la alineación de las escápulas en la espalda, lo cual sobrecarga los rotadores del hombro durante el movimiento de los brazos en el agua. Para estos deportistas es recomendable terminar siempre nadando de espaldas para equilibrar la rutina en la piscina.
También es recomendable practicar la siguiente rutina de Yoga antes o después de nadar. Durante esta práctica se estira suavemente los músculos rotadores de los hombros y se fortalece los romboides. Para esto es importante que ubiques dónde están tus homóplatos o escápulas y sientas como pueden moverse estos huesos hacia la columna. Puedes sentirlo al llevar los hombros hacia atrás y abrir el pecho. Los romboides se activan cuando juntan las escápulas y las conectan hacia adentro de la espalda. Estas posturas además te ayudarán a estirar los músculos de las piernas y abrir espacio en las caderas.
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