El s?lo hecho de pensar en ir para la cordillera m?s alta del mundo hace temblar a cualquiera que haya vivido el fr?o y la ansiedad de las cumbres desconocidas, todos los mitos e historias sobre la dificultad que implican escalar una monta?a se potencian cuando se imagina mucha altura y fr?o.
| Eso justamente vivió durante octubre de 2010, un grupo de 10 andinistas del Grupo Ascensionismo del Colegio San Gabriel en el Pumori, corazón de los Himalayas, en Nepal. Acercarse al Campo base, sintonizar la montaña La caminata descrita en un artículo anterior de Vida Activa fue el acercamiento al Campo Base (CB), pero no únicamente un acercamiento físico que resulta de lo más sencillo, incluso se lo puede realizar en medios de transporte que no implican necesariamente caminar. Fueron seis días de sintonizar la montaña y adherirse al nuevo ambiente que sería el hogar para los expedicionarios en la majestuosa Cordillera de los Himalayas, en este proceso resulta tan interesante como impresionante reconocer las miradas y los nuevos lugares, distintos a nuestro país por las costumbres, supervivencia y simplicidad de la gente que vive en las montañas. La calidez de una sonrisa, la ingenuidad de un niño que te dice ‘no photo, no photo’ así como las diferencias culturales como la creencia y la manera de vestir transportan a cualquier caminante a otro mundo, uno lejano, inimaginable y distinto a cualquier guía de viajero. Rodeado de picos, glaciares y gigantes silenciosos, el Pumori levanta sus 7161m en el inicio de un circo aledaño al techo del mundo, al pie del glaciar del Khumbu, donde la perspectiva del Nuptse engaña a las apariencias y sus casi ocho mil metros parecen superar al mismo Everest que se encuentra apenas detrás, junto al Lhotse, otro de los famosos ochomiles1. El permiso que debe tener todo aquel que se atreve a sobrepasar las líneas de inicio de la verticalidad se obtiene a través de la puja, ceremonia budista donde se instala un altar con banderas de oración, allí se pide bendición y aceptación de los visitantes de la montaña, para tener una ascensión sin problemas con un regreso sanos, salvos y enteros. Equipando la ruta, trabajo en equipo Muy distinto a lo que se escucha o se sabe de los andinistas que suben montañas como el Cotopaxi o el Chimborazo, por las condiciones geográficas, las enormes distancias y desniveles que presenta el Pumori, una ascensión segura se realiza con puntos de abastecimiento (varios campamentos de altura, que se levantan sobre glaciar), y fijando cuerdas en tramos de dificultad. Para ello se dividió al grupo en dos partes uno que iba abriendo la huella y fijando las cuerdas y otro que al relevo del primero fijaba los campamentos y llevaba más carga pesada necesaria para la permanencia en altura, como el material técnico: estacas para nieve, tornillos para hielo, empotradotes2, cuerdas, combustible, cocinetas para altura y comida. De todas maneras las mochilas siempre eran pesadas, cada escalador siempre llevaba sus pertenencias personales que suman de 8 a 10kg de base, a lo que se sumaba el material extra, lo que hacía a los porteos hacia cada campamento un verdadero esfuerzo físico de altura. |
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| El proceso de aclimatación La cantidad de oxígeno que existe en la playa o en la cumbre del Everest, cerca de los nueve mil metros, es la misma, lo que cambia es la menor presión y por ello la poca capacidad de utilización que tiene el organismo en una altura mayor, es por eso que el rendimiento físico en altura es realmente limitado y este es un punto clave con el que los montañistas arriesgan su vida cuando intentan alcanzar un objetivo de altura como el Pumori. Las referencias bibliográficas y estudios de centros especializados dicen que el cuerpo humano acostumbrado a permanecer a nivel del mar (donde vive la mayoría de la población mundial), comienza a sentir los estragos por este cambio de presión de aire al superar altitud, a partir de los 2500m, sobre esto la enorme ventaja que supone vivir sobre los 2800m de Quito adelanta mucho del trabajo que debe hacerse en la montaña cuando se intenta subir. Prudencia y paciencia son los mejores aliados para hacer un ascenso con seguridad, e iniciar el proceso de aclimatación, en el Pumori el grupo permaneció tres semanas en el Campo Base a 5300m, más la primera de acercamiento a pie desde Lukla suman un mes entero viviendo y descansando en un lugar equivalente a la cima del Iliniza Sur. Después, el trabajo fue complementado con la dinámica misma de la ascensión, realizar porteos, armar campamentos, uno primero avanzado a 5700m (CBA), luego el primero de altura sobre los 6200m (C1) y el último a 6500m (C2); en medio de cada trayecto el grupo encontró dificultades, al inicio no tan complejas, rocas inestables de la morrena3 que lleva al CBA, luego una rampa de nieve, con 50 grados de inclinación que luego se convirtió en paredes mixtas y canales verticales, antesala al C1 y una complicada escalada técnica con tramos literalmente aéreos, llenos de cornisas y hielo, requisito del C2. Subir alto y dormir bajo es el lema de la aclimatación, hacer que el cuerpo se acostumbre a ese cambio de altura paulatinamente es el camino seguro a la cumbre, sin embargo hay otros obstáculos como el intenso frío que se agudiza con la entrada del invierno durante octubre, la variabilidad del clima y la dificultad misma que presenta la montaña. La cumbre del Pumori, tres días de incertidumbre El ataque a la cumbre, luego de montar la ruta y con la aclimatación lista dependía únicamente del pronóstico del tiempo, que, distinto que en nuestro Ecuador, suele resultar bastante certero. El clima cambió durante la expedición y la nieve acompañó unos pocos días con sus noches al grupo que perdía las esperanzas por el mal clima en largas sesiones de juegos de cartas, chistes, anécdotas montañeras y reflexiones personales. Finalmente 8 personas decidieron ir por la cumbre, divididos en 2 grupos, el primero alcanzaría en un solo día el C1 y el otro esperaría esa misma noche en el CBA, para al día siguiente moverse un campamento arriba. Ese era un terreno conocido que no presentó contratiempos, pero al tercer día se complicaron las cosas, todos debían moverse un campamento y las condiciones técnicas, la dificultad de la montaña no presentaba garantías para que un grupo de ocho personas intente la cumbre con seguridad, así que se decidió que dos de ellos, los más fuertes y solventes en escalada aviven la esperanza de alcanzar la cima del Pumori. Ese momento el resto regresó recogiendo la carga pesada rumbo al CB esperando noticias de Oswaldo y Joshua por la radio. La jornada había empezado a las 4am, pasaban las horas y a mediodía el resto del grupo llegaba a la comodidad del campo base, con mochilas muy pesadas, cansancio y angustia por los compañeros que estaban arriba despachando largos de escalada4 y descubriendo un terreno escondido. Eran las tres de la tarde y escuchamos que la cordada seguía asegurando y pensaban en la posibilidad de abandonar el ascenso por la hora, si seguían subiendo implicaba un descenso nocturno y peligroso que nadie quería. Entre ánimo, angustia, preguntas y respuestas entrecortadas por la escasa señal de los radios, el grupo escuchó que sus compañeros alcanzaron la cumbre del soñado Pumori cerca de las 6pm en una tarde de clima inmejorable, justo cuando el Everest y sus vecinos toman ese tono naranja por la lejana luz y cuando los ánimos, rezos y energías de sus amigos en el campo base y seguramente muchas personas más en el lejano Ecuador, esperan saber de ellos sin problemas. Enseguida iniciaron el descenso comunicando periódicamente su ubicación y aproximadamente a las 2am llegan nuevamente al C2, donde encontraron a Mary, que les había preparado agua y comida para recuperar fuerzas. Al día siguiente la cordada de la cumbre encontró a sus amigos y compañeros de expedición en el campo base, la alegría del grupo rodeó el lugar, tenerlos de vueltas sanos y salvos con la cumbre detrás implica haber conseguido un objetivo de un grupo de amigos que se atribuyeron el nombre del Ecuador para intrometerse en una de las cumbres más bellas y difíciles del Himalaya. El regreso de los expedicionarios fue rápido y luego de un par de días en la bulliciosa Katmandú inició el periplo para el retorno a casa: aeropuertos, conexiones y largas esperas han sido parte de un aletargado regreso que, hizo a cada expedicionario mirar dentro de sí lo que fue la Expedición al Pumori. Equipo de la Expedición Oswaldo Freire, Mauricio Reinoso, Marco Suárez, Santiago Palacios, Peter Ayarza, Joshua Jarrín, Luis Stacey, Eduardo Naranjo, Ramiro Garrido, Mary Riddel participaron de la expedición al Pumori ecuatoriano, les acompañaron hasta el campo base Lorena Oliva y Karina Fernández. Ellos agradecen el apoyo recibido de auspiciantes, amigos y familia, para el éxito y realización de esta travesía en los Himalayas. La expedición no terminó con la cumbre ni con la llegada de cada uno de los participantes a Quito, para los que quieren saber más detalles del día a día de los Himalayas gabrielinos pueden entrar en pumorisangabriel.blogspot.com El grupo de expedicionarios quiere compartir con el público su experiencia, por ello se está preparando un audiovisual de lo que fue la mayor expedición ecuatoriana a la Cordillera de las montañas más altas del mundo. |
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