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TREKKING DEL CÓNDOR

Este trayecto comprende quebradas, riachuelos, pajonales y lodazales, los que en una primera parte constituyen, prácticamente, una selva de altura, y en otras mientras se avanza, un altiplano infinito donde la geografía pierde su significado y los sentidos emergen para apropiarse del camino y descubrir la naturaleza inalterada.


La meta: llegar al Valle de Limpiopungo, dentro del Parque Cotopaxi, límite entre Sierra y Oriente. Donde el camino se caracteriza por la humedad del ambiente y del terreno, sin importar la época del año. Por eso vale estar prevenido para la lluvia, presencia permanente de la Amazonía en la altura andina. Sin duda, los caminantes deben estar equipados con botas de caucho, poncho de aguas o chaqueta impermeable, y eso sí, preocupados de que todo el equipaje esté protegido con fundas plásticas. No hay nada peor que llegar de noche al campamento con el saco de dormir mojado o las medias de recambio empapadas.

El recorrido se inicia en ™El Tambo∫, punto de ingreso a la reserva Antisana, ubicado un par de kilómetros antes de la Laguna Papallacta, en la carretera que va de Pifo a Baeza. Allí es posible encontrar mulas o caballos que, llevados por un arriero, pueden cargar el equipo pesado como tiendas de campaña, comida, cocinetas, etc. Es importante que antes de realizar este recorrido se consigan los permisos de ingreso a la Hacienda Antisana, para evitar contratiempos en medio de la caminata.


El primer día el rumbo es sur-oeste, un inicio relativamente suave, con una pendiente poco pronunciada. Poco a poco se va experimentando el descenso del ruido de los camiones, de los automóviles y buses que transitan por la carretera, un silencio que nos permite desapegarnos de la ciudad. El medio de transporte de los próximos días serán exclusivamente nuestros pies.

Ha sido la introducción al nuevo ambiente de montaña. Alrededor nos acompaña el sonido del agua, del viento sobre los pajonales, y el olor a sunfo de los humedales que se cruzan. Tres o cuatro horas después se llega a la ™Laguna del Volcán∫, ubicada en una depresión donde termina una vieja lengua de lava que proviene del lado norte del Antisana, uno de los volcanes más hermosos de nuestro país, con más de 5 700 metros de altura. Al pie de esta laguna se realiza la primera noche de campamento.

El segundo día partimos hacia tierras altas entre pajonales, árboles puma maquis, polylepis (árbol de papel) y riachuelos. Hay que continuar dos o tres horas, según el ritmo del grupo. Seguramente el cansancio y quizá la lluvia estarán presentes durante esta etapa, hasta llegar a un punto clave del viaje que marca la mitad del trayecto: la laguna ™Santa Lucía∫, excelente sitio para un descanso merecido, un mirador que separa lo abrupto del terreno ya recorrido, y la nueva inmensidad del horizonte que ofrece el altiplano del Antisana.

Allí se pueden divisar los picos Antisanilla, y las estribaciones orientales del Quilindaña y, por supuesto, en primer plano, el Antisana en todo su esplendor.

Santa Lucía luce como un pantano en época seca. Es una referencia importante en el camino, porque es el inicio de una planicie gigante, situada a 4 000 metros de altura, donde se pueden encontrar caballos salvajes, ovejas, conejos y chuquiraguas, ésta última, una flor característica de los Andes. En este punto se encuentra explicación al nombre de la caminata, ya que con un poco de suerte es posible observar cóndores libres en el cielo. Es que estamos, nada menos, que en la mayor reserva de cóndores del país.

Aunque la jornada es sostenida, sobre todo la primera parte al superar la pendiente desde el campamento, el resto del día es prácticamente plano, lo que permite avanzar bastante terreno hasta el histórico sitio de ™La Ovejería∫, donde se instala el segundo campamento, sitio de paso para el Ejército libertario que rodeó Quito en 1822, y donde también se hospedó el científico alemán Alexander Von Humboldt. Si bien el sitio está dentro de una reserva, el acceso por Pintag está restringido, aunque en caso de una emergencia existe un camino de asfalto que va desde esa población hasta la laguna de La Mica.

Un giro algo más al oeste, y sin perder el ritmo, se inicia el tercer día, hacia las estribaciones del Sincholagua, volcán que no llega a los 5 000 metros de altura, pero que desprende de sí arenales mágicos, empinados, líneas amarillas sulfurosas y quebradas enormes que hacen paso a los alrededores del Cotopaxi, la segunda montaña más alta del Ecuador. Justamente un collado que divide la planicie del Antisana, y el inicio del Valle de Limpiopungo, es el sitio de campamento en la tercera jornada, cuando nos despedimos de una de las zonas más admirables del páramo ecuatoriano.

Amanece el último y cuarto día, con formas y colores: el volcán de los volcanes dibuja su sombra cónica perfecta, y aparecen nuevos habitantes de las alturas frente a los ojos del caminante. Cerca, está el Quilindaña, Rumiñahui y Pasochoa, vecinos de los sitios habitados en los valles. Más lejos, y detrás quedan los Ilinizas, Corazón, Atacazo, Pichinchas e Ilaló. El amanecer apaga el resplandor de la ciudad y el celeste se mezcla con la bruma. 06:15 horas, el cielo es naranja, se pretende congelar el tiempo, pero el día sigue y el trekking terminará hoy.

En la jornada final avanzamos rumbo al Cotopaxi. Otro giro al sur y un largo descenso de varias horas nos permite encontrarnos con uno de los pocos ríos caudalosos del Páramo, el Pita, que nace de los deshielos orientales del Cotopaxi, y baja junto a las faldas del Sincholagua, hasta el Valle de los Chillos. Con unas horas de caminata, y un poco de la ayuda del sol, no viene mal un baño en esta agua helada, que de paso permite cruzar el río y entrar al valle de Limpiopungo, ya dentro del Parque Cotopaxi. Aquí el grupo puede ser recogido por un vehículo.

Ha sido una aventura nómada de 4 días y 80 kilómetros, donde la rutina se transforma en amanecer, caminata, hambre, sed y descanso en el campamento. Al final de este viaje, entre cansancio, disfrute y camino recorrido, hay que regresar a la realidad de la rutina en la ciudad, para planificar la próxima travesía.

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