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Impresiones de un atleta normal

Sábado por la noche, es el día en que la mayoría de jóvenes prepara su salida a la farra (preli le dicen algunos) y los no tan jóvenes (como yo) deberíamos estar listos para ir a recoger hijos, ir al cine, cenar fuera, a simplemente ir a pasear en un centro comercial….!Pero no! Los unos y los otros estábamos preparando nuestra carrera NIKE 10k Nocturna.

Y es que esta carrera, que a pesar de tener tan solo dos años de existencia en el calendario deportivo quiteño, se ha convertido en “la prueba esperada”. Tiene el auspiciante que se identifica con el deporte, sobre todo el de correr, entrega excelentes recuerdos por el módico precio de quince dólares (solo la camiseta debe costar más que eso), nos da espectáculos e hidratación durante (casi) todo el trayecto y la llegada, que además de ser muy cómoda, está llena de emociones como cantantes, bandas y fuegos artificiales (de chiquitos les decíamos juegos pirotécnicos).
Por lo complicado del tráfico quiteño, con nuestro grupo de amigos, tuvimos que salir a las 5:30 pm desde Cumbayá para poder llegar a tiempo. Porque ahora sí, en Quito solo se sabe a la hora que se sale pero no a la hora que se llega. Por suerte y a pesar de un choque en la carretera de Miravalle y el embotellamiento a la subida de Carapungo, llegamos a la partida 15 minutos antes de las 7 pm, la hora de partida.

Llena de camisetas rojas y olor a linimento me encontré en la partida con los organizadores ubicando a los mejores corredores en corrales y a nosotros -los normales- en la parte de atrás (por suerte somos muchos).
Por lo complicado del tráfico quiteño, con nuestro grupo de amigos, tuvimos que salir a las 5:30 pm desde Cumbayá para poder llegar a tiempo. Porque ahora sí, en Quito solo se sabe a la hora que se sale pero no a la hora que se llega. Por suerte y a pesar de un choque en la carretera de Miravalle y el embotellamiento a la subida de Carapungo, llegamos a la partida 15 minutos antes de las 7 pm, la hora de partida.
Llena de camisetas rojas y olor a linimento me encontré en la partida con los organizadores ubicando a los mejores corredores en corrales y a nosotros -los normales- en la parte de atrás (por suerte somos muchos).

Y arrancó esta famosa prueba, casi a tiempo… con más de 7,000 inscritos y como 1,000 “pavos”. Luego de pisar la alfombra para activar el chip, o sea el tiempo personal de salida, nos encontramos de frente a la “subidita” de la Botar. Seiscientos metritos de una inclinación de 7% ¡y coronamos! Tosiendo por este primer esfuerzo, encontré mi ritmo en la recta del cementerio. Desde ahí ya se podía ver el río de gente adelante y se sentía el río de gente que me pisaba los talones. O sea, iba en la mitad del grupo, como normal. Entre pasos, se oía la música de la escuela de policía que nos puso cadencia con su ritmo militar …. ¡Muy motivante!

Llegó la bajada y empezaron a pasarme los jóvenes de rodillas frescas. Los de rodillas gastadas por el entrenamiento de años, nos la tomamos con calma porque sabemos el efecto del día siguiente. Y con esas rodillas llegué al monumento de El Labrador, que antes era un ícono y hasta referencia para el tráfico pero que ahora está sepultado entre el hermoso cemento de los pasos a desnivel.
Para sentir a pie lo que se siente en el tráfico, llegamos al embudo ¡El Labrador!... es ahí es cuando uno se da cuenta de cuánta gente hay en la carrera. Y de verdad, la carrera empieza ahí, en el kilómetro 6: terreno plano, poco viento y en calle amplia luego del embudo… solo aquí nos faltó agua. Empiezo a pasar a esos apurados del principio, los de rodillas frescas. Ahí están, ya sin combustible o fundidos. Pero también me empiezan a pasar los bien entrenados, los que le ponen seriedad a esto nuevo de “correr” y correr bien. Cuando yo era joven, trotábamos. Ahora, estos nuevos, de verdad que corren. Me acuerdo que los gringos le decían “jogging” ahora le dicen “running”… ¡cuánto tiempo ha pasado!.

Al llegar a la Amazonas y Naciones Unidas, como que ya uno se siente llegando (km 8) y le metes acelerador solo por puro amor propio de mejorar tiempo personal, porque los primeros ya están bañados y vestidos (hicieron 30 minutos!!). Lo más lindo de esta parte es ver la Amazonas iluminada, limpia y sin autos… ¡que linda que ha sido!
Y al fin, la llegada. Llena de gente, de luz, de aplausos, arco de triunfo y con el cronómetro marcando el tiempo personal (que me lo reservo)….. uno se siente importantaso. Luego, tranquilidad en el corredor de llegada, que para muchos puede haber sido muy larga pero muy necesaria para descongestionar la cantidad de “finishers”, que sudados, queremos ir a recoger nuestra medalla (y más recuerdos).

Es en estos lugares cuando un normal quiere descansar. Es que se da cuenta si una carrera está bien organizada porque hay varios kioskios para entregar el chip y recoger el paquete de recuerdo, música en vivo en medio del parque para amenizar el cansancio, alimentación de fruta para reponer el potasio y como en casi toda la carrera, mucha hidratación. ¡Ah! y un interesante detalle: una cobija de fieltro dentro de la bolsa de recuerdos. Qué importante detalle para evitar la gripe. A la final Quito siempre ha sido frío por la noche. Una hermosa carrera, con identidad propia y con buena organización. La espero el próximo año!!

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Miguel Almachi

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