Una tras otra, las medallas que conquistó Michael Phelps desde sus inicios en la natación, junto con sus tiempos insuperables, lo convierten en una verdadera leyenda de la natación. Batió varios de sus propios records y en el último campeonato mundial de Melbourne realizado el pasado marzo, sumó siete medallas de oro, igualando así la hazaña de Mark Spitz en las Olimpiadas de Munich en 1972. Es indiscutiblemente el mejor nadador del planeta de todos los tiempos.
Con 21 años es el rey de los etilos, y aunque definitivamente en el Mundial del Melbourne alcanzó la gloria, el éxito acompañó a Phelps desde mucho antes. Se presentó en los Juegos Olímpicos de Sydney (2000) como el nadador masculino más joven con sólo 15 años y, aunque allí no obtuvo medallas, apuntaba a lo más alto y prometía una trayectoria de gran nivel. Y así ocurrió. En el 2001 ganó su primer título absoluto: la medalla de oro de los 200 metros mariposa en el Mundial de Fukuoka, Japón, prueba en la que estableció, además, un nuevo récord del mundo. En el 2002, en los Pan Pacific Games ganó cuatro medallas de oro a título individual y una de plata en los relevos 4 x 200 metros libres. Poco después en el 2003 batió ocho récords mundiales en 41 días. Aquel año, en el Mundial de Barcelona, ganó a título individual, tres medallas de oro. Luego vinieron los Juegos Olímpicos de Atenas.
Así, Michael Phelps grabó su nombre en la historia de los deportes, debido a su excelente estilo, velocidad insuperable, pero también a su enérgica juventud, a su temple y disciplina. Sin embargo, resulta curioso que como muchas de las estrellas, Phelps llegó a la natación por casualidad. Incluso con miedo al agua, siendo muy pequeño, se refugiaba en las piscinas para no escuchar las discusiones de sus padres, que más tarde terminaron divorciándose. Años después, al encontrarse con Bow Bowman, quien es hasta hoy su técnico, las capacidades innatas de Phelps saltaron a la vista y, desde entonces, comenzó una rutina imparable de entrenamiento y disciplina.
Un chico normal
Como todo campeón que toca los bordes del estatus de celebridad, Phelps también tiene un lado íntimo, sensible y vulnerable. Es finalmente un chico de 21 años que disfruta de las cosas más cotidianas como por ejemplo de una apetitosa comida, jugar fútbol o baloncesto, o escuchar música del rapero Eminem o de 50 Cent. Tan normal es su vida fuera de las piscinas que también ha cometido errores, que en su caso resultan inaceptables, como conducir en estado de ebriedad, por lo que fue arrestado hace dos años y fue llevado a juicio. "Lo que pasó fue un error y estoy terriblemente arrepentido", se disculpó Phelps en aquella ocasión.
Súper atractivo
Definitivamente a Phelps le ha llegado el momento de su consagración. La cadena NBC por ejemplo lo ha calificado como “el mejor atleta del planeta” y es imparable la ola de notas, artículos y programas de TV que han dedicado sus espacios a destacar sus condiciones físicas y sus logros. No sólo durante los mundiales, donde los periódicos de todo el mundo agotaron los adjetivos para describir al nadador, hoy la prensa continúa comentando y describiendo todo lo relacionando con el fenómeno Phelps. Sus auspiciantes han sabido aprovechar muy bien su imagen. Páginas completas con sus fotografías lo califican además como un atleta súper atractivo, sin duda resultado de la combinación del espléndido físico, juventud y candidez que irradia.
Michael Phelps es una persona muy seria, ni siquiera sonríe cuando acaba de ganar una prueba.
Es uno de los pocos atletas que destaca en todos los estilos
En los últimos siete años sólo ha dejado de entrenar cinco días.
Como norma imposible de transgredir, nada 80 kilómetros por semana.
Su rutina diaria, además del entrenamiento y descanso adecuado, incluye una dieta de siete mil calorías, necesarias para abastecer su organismo.
En su infancia practicaba béisbol y fútbol. Hoy ocasionalmente y a modo de relajación practica estos deportes.